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miércoles, 7 de mayo de 2014

CALLE MALTESES



CALLE MALTESES

Topónimo urbano con el que se conoce la calle cuyo antiguo nombre aún se mantiene; es la que comunica la Alameda de Colón con la calle Mayor de Triana.

Con anterioridad se denominó calle del Agua; después, de Gotardo y a partir del siglo XVIII, los Malteses, que en palabras de Domingo J. Navarro era debido a que allí existían «… las únicas tiendas del modestísimo comercio de toda la isla, representado por tres avecindados malteses…», haciendo referencia a los naturales de la isla de Malta que emigraron a Gran Canaria y abrieron tiendas.

La calle en 1864 (Fedac)

En la antigüedad, algunas de las calles de la Ciudad, consideradas como «lugares urbanos» se constituían en topónimos al recibir su nombre por el origen de sus moradores, la ermita o el convento próximo, la actividad que en las mismas concurría, etcétera.
La calle desde La Alameda en 1890 (Ojeda Pérez - Fedac)
Así surgieron nombres como de Los Portugueses, de los Herreros, de los Camelleros, de los Moriscos, de la Mancebía, etc., si bien solo algunos de estos nombres han perdurado como es el caso de la calle de los Malteses.

La calle no sólo ha conservado su nombre, es además una de las pocas calles a este lado del Guiniguada, en el barrio de Triana, que sus viejas casonas ven pasar los siglos conservando su antigua estampa.
Patio interior de una casa de Los Malteses
El flujo migratorio desde la isla de Malta hacia Canarias tuvo varias causas. Una de ellas sería la decadencia de la Soberana Orden, que provocó un período de inquietud social y de revueltas que trajo consigo la crisis del comercio maltés y, de modo especial, de la actividad pesquera. Esas circunstancias adversas motivaron el éxodo de algunos comerciantes y armadores hacia nuestro archipiélago.

La colonia maltesa la formaron, entre otras, las siguientes familias de apellidos como Sortino, Inglott, Parlar, Portelli, Magrid, Bonello, Grek, Azopardo, Olleño, Ferrugia, Ostia, Espiretti y otros.

La mayoría abrió sus tiendas en La Peregrina y en esta calle que entonces era llamada de Gotardo, pero por su notiriedad comenzó a ser conocida por Los Malteses, al igual que pasara en Sta. Cruz de Tenerife.
La manifestación divisionista de 1911 (Fedac)
Al tratarse de una importante calle que comunicaba la calle Mayor de Triana con la Alameda de Colón para acceder desde aquí a la Plaza de Santa Ana que acogía la Catedral y el Ayuntamiento, además de otras importantes sedes como el Obispado y la Casa Regental, discurrían por ella los grandes actos populistas que a partir de la segunda mitad del siglo XIX se organizaban para reivindicar la división provincial, objetivo al que aspiraron los correligionarios de Fernando León y Castillo, y después sus sucesores, Leopoldo Matos y José Mesa y López.







File:Carnaval Las Palmas 1928.jpg

Carroza con mascaritas en el desfile de 1928, en la actual calle General Bravo con la calle Malteses, junto al Gabinete Literario.

viernes, 17 de enero de 2014

Mujeres y otros demonios: Brujería e Inquisición en Canarias

Mujeres y otros demonios:

Brujería e Inquisición en Canarias

 
¿Hubo brujas en Canarias? El profesor de Historia de la ULL Francisco Fajardo Spínola (Arrecife, 1947) ha rastreado las actas de la Inquisición en las islas. En su búsqueda ha localizado demonios que vienen de viejo: machismo, miedos, xenofobia y control social.
 
 
 
 
Mujeres y otros demonios: Brujería e Inquisición en Canarias         

       
Tomás J. López, Arrecife de Lanzarote
Lucía de Cabrera, lanzaroteña y negra, se confesó bruja. Dijo haber pactado con el demonio, que se le aparecía en forma de camello y al que besaba el pie. Volaba por los aires esparciendo alhorra por los campos. Confesó haber chupado niños. Usaba como ungüento “tuétano y sebo de perro, camella y cabra, con otro verde que el diablo les daba”. Corría el siglo XVI, centuria en la que se procesó al 64 por ciento de las 2.319 víctimas de la Inquisición canaria.
 
 
El historiador Francisco Fajardo Spínola, profesor titular de Historia Moderna de la Universidad de La Laguna, ha pasado años golizneando entre las actas del Tribunal del Santo Oficio que conserva el archivo del Museo Canario de Las Palmas. Documentos manuscritos que dan las claves de una época, la Edad Moderna en las Islas. Durante los tres siglos largos en que la Inquisición hace acto de presencia en Canarias -de 1506 a 1820- serán las elites las que dejen su “versión de la historia” a través de los documentos que escriben.
 
Pero aunque sea la cúpula eclesiástica la que juzgue en la Inquisición, hermanada con el poder político, las víctimas son gentes de a pie a quienes se interroga hasta el extremo, dejando con ello infinidad de datos sobre su origen, posición social, vidas y creencias. Paradójicamente, la institución que nació para uniformar mentalidades acallando a quienes distinto pensaban terminó por dar voz, a los ojos de la historia, a sus propias víctimas.
 
 
Sin las actas de la Inquisición, mucho de lo que pensaban, sentían, creían y vivían aquellos enjuiciados, miembros de la sociedad canaria de la época, hubiese quedado en el olvido.
La mayoría de los procesados por la Inquisición canaria, menos cruel que la ejercida en la Península ibérica debido al carácter mestizo, integrador y comercial de una sociedad isleña en formación, fueron varones. Se les acusaba de practicar el Islam, el protestantismo, el judaísmo, la bigamia o de pronunciar expresiones contrarias al dogma. Pero hubo un “delito” eminentemente femenino: el conocido como “las supersticiones”, territorio de arraigadas creencias populares no aceptadas por la Jerarquía.
 
 
 Era este el ámbito de la magia, los conjuros, las curaciones, el amor y el desamor; de las velas, el sahumerio, las cazuelas, gánigos, agujas y tijeras. Magia para saber más, pronosticar y proporcionar bienestar… pero como advirtiera la hechicera “quien sabe hacer sabe deshacer”, por lo que se ganó la fama de mala vecina, dispuestas a recurrir a temidos maleficios, llegando a sospecharse que fuese bruja.
En 1581 la Inquisicion de Canarias abre el proceso "contra las brujas de Lanzarote", en la isla que paresca mas propicia a lo demoniaco

La bruja va más allá que la hechicera: “ha abandonado el cristianismo, renunciado a su bautis­mo, rinde culto a Satanás como a su Dios, se ha entregado a él en cuerpo y alma, y se convierte en su instrumento de hacer el mal”. El profesor Fajardo se ha esforzado en dibujar las características de esa supuesta bruja canaria, heredera de las tradiciones brujeriles castellanas y portuguesas, con una importante influencia de elementos procedentes de la cercana Berbería, principalmente en las islas de Lanzarote y Fuerteventura, donde, no casualmente, el demonio tiene imagen de camello, animal llegado del continente tras la conquista. Para volar, las brujas canarias se embadurnaban con las entrañas de animales propios del país, como se recoge en el caso de Lucía de Cabrera. La apariencia de cabrón es también de las más recurridas en el imaginario demoníaco isleño, con nombres que responden a la cultura pastoril. El crimen de chupar la sangre a los niños hasta matarlos es una de las maldades que más habituales, temor que permaneció durante siglos entre las recién paridas.
Pero ¿hubo realmente brujas en Canarias? En el caso de Lucía de Cabrera, lanzaroteña y negra, asegura Fajardo que sí era curandera, pero que el elemento satánico habría sido introducido por los jueces que la encausaron. Considera el historiador que la hechicería tuvo un componente real en las Islas, pero no la brujería. No hubo ningún culto más o menos oficializado al demonio en la Canarias de la Edad Moderna. Ninguno de los actos que se les adjudica tenían elementos dignos de ser verosímiles, ni siquiera las famosas “juntas” –nombre que recibirían en Canarias los aquelarres-; lo más algún acto de hechicería nocturno.
Cuesta entender pues que en 1581 se abriera por parte del Tribunal de la Inquisición de Canarias el proceso titulado “contra las brujas de Lanzarote”, en la isla que aparece como más propicia a lo demoníaco. Fajardo apunta a los miedos colectivos como causantes de estos procesos: aparición de plagas y sequías, invasiones piráticas desde Berbería, recelo de los muchos berberiscos instalado en la isla y la condición de esta como “territorio fronterizo”, junto a la costa africana. Se buscaba entonces “chivos expiatorios” entre  los elementos más marginales de la sociedad: el 89% de los encausados por brujería en las islas eran mujeres de clases humildes y más de la mitad, negras, mulatas o moriscas.
También hubo un componente patriarcal y misógino: “Las mujeres eran claves en la transmisión de la cultura popular, en contraste con la situación desfavorable que les imponía la cultura oficial. La mujer era una especialista del cuerpo humano, al que alimentaba y curaba. Esto suponía observar y conocer las funciones del organismo o las propie­dades de las plantas. De su experiencia obtenía cierta influencia social, cierto reconocimiento. Eran espacios de saber y de poder femeninos. Por eso la persecución de brujas y hechiceras, casi siempre mujeres, tuvo mucho que ver con el intento de destruir la cultura popular y asegurar el poder de los clérigos, varones, sobre las creencias”.
 
 
Pero hay un hecho que contradice la tesis del profesor Fajardo sobre el “invento” de la brujería isleña. Y es que Lucía de Cabrera, lanzaroteña y negra, se confesó bruja. Fue ella quien aseguró haber pactado con el demonio, quien confesó tener a Satanás como protector y haber cometido actos diabólicos. Poco después moriría en el hospital de San Martín de Las Palmas a causa de las torturas producidas durante los  interrogatorios.

domingo, 22 de diciembre de 2013

ONOMASTICA DIA 23 DE DICIEMBRE

ONOMASTICA DIA 23 DE DICIEMBRE
SANTORAL
 
 
  • Asclepio onomástica
  • Basílides onomástica
  • Beno onomástica
  • Dagoberto onomástica
  • Euporo onomástica
  • Evaristo onomástica
  • Frideberto onomástica
  • Garibaldo onomástica
  • Ivo onomástica
  • Juan (Juan de Kety) onomástica
  • Mayota onomástica
  • Murdón onomástica
  • Nifón onomástica
  • Saturnino onomástica
  • Sérvulo onomástica
  • Teódulo onomástica
  • Victoria onomástica
  • Vintila


  • VICTORIA
    «Santa Victoria» - o «Santa Vitória»

     
    Huelga ponderar el significado, la belleza y la grandeza de este nombre. Habla por sí solo. El español ha mantenido sin alteración la forma original latina, que procede del verbo víncere - victus (vencer - vencido) a través del adjetivo vícor (vencedor). Tiene una gran afinidad con el verbo vincire - vinctus (atar - atado) y con el sustantivo victus (alimento), pero no se dispone de elementos para precisar si tiene algún tipo de parentesco con alguno de los dos.
     
     
    Los romanos heredaron de los pueblos itálicos el culto a la diosa Victoria, que se convirtió en oficial el año 460 ab urbe cóndita (294 a. J. C.). El emperador Augusto hizo construir en el Senado romano un altar a la Victoria, en el que los senadores quemaban incienso en honor de la diosa. A partir de ahí creció extraordinariamente el culto de la Vistoria, tanto en Roma como en provincias, se le erigieron templos, se esculpieron estatuas representándola de diversas formas, y se la asoció con otros dioses, especialmente con el dios de la guerra, Marte.
    También Grecia conoció un culto intenso a la diosa Victoria, a la que llamaban Nikh (Nike) (sobre el significado, ver web del 9-12), y contaba con innumerables estatuas y templos.
     
     
     
    Entre las reinas que han dado lustre a este nombre hay que recordar a la reina Victoria de Inglaterra (1819-1901), que dio nombre a su época (incluyendo estilo arquitectónico, costumbres, etc), a la reina Victoria Eugenia de España (1887-1969), a Victoria Adelaida María Luisa, emperatriz de Alemania (1840-1901) y a la intrépida Victoria Aurelia, emperatriz de las Galias (murió el año 268) que se puso al frente de las legiones y fue proclamada por el ejército Madre de los soldados.
    Santa Victoria mártir española del siglo III, nació en León , hija de Marcelo y Nona, también mártires, tuvieron que huir a Córdoba; pero hasta allí les llegó la persecución. El gobernador Dión obligó a todos los cordobeses a rendir culto a los dioses romanos. Victoria, al negarse, fue sometida a cruel martirio. Otras10 santas con este nombre conmemora la Iglesia a lo largo del año.
     
    Nuestra Señora de la Victoria. Advocación de la Virgen en conmemoración de grandes victorias, asociadas algunas de ellas con apariciones e imágenes de la Virgen. En España, la Virgen de la Victoria está asociada a la conquista de Granada, que cayó, como dice la tradición, gracias a la Virgen, que se apareció al rey Fernando el Católico para anunciarle la caída de Granada. Tiene dedicados varios templos en España.
     
    La geografía está llena también de bellísimos, lagos, ríos, saltos, montes, pueblos y ciudades con este precioso nombre.